Saturday, August 2, 2008

Historia real (de un anónimo)

Soy un hombre feliz. Mi novia y yo estuvimos saliendo durante poco mas de dos años y decidimos casarnos. Tenemos el tipo de problemas de cualquier pareja, yo tengo el tipo de problemas de cualquier persona y en resumen puedo decir que mi vida esta balanceada y todo está donde debe estar... excepto por una cosa: mi cuñada.

La hermana de mi novia es una verdadera modelo, tiene 21 años. Casi todo el tiempo usa minifaldas y blusas sin sostén. Con mucha frecuencia, cuando estoy de visita en casa de sus padres ella encuentra una excusa para agacharse frente a mi y darme, bueno, un poco más que una hermosa vista. Sé con seguridad que lo hace a propósito porque nunca ha sido frente a nadie más, sólo conmigo.

Hace una semana llamó a mi celular para pedirme que pasara por ella para llevarla al aeropuerto y al llegar noté que estaba sola en la casa. La acompañé a la sala y al llegar ahí se dio la vuelta y me miró a los ojos, estaba más guapa que nunca. Entonces me dijo que había planeado ese momento, que siempre quiso tener "algo" conmigo y que subiría a su cuarto para esperarme en la cama. Que si quería tener una última aventura antes de casarme esa era la oportunidad porque no volvería a pedírmelo. Yo estaba congelado por la sorpresa. Entonces subió las escaleras regalándome otra de sus espectaculares vistas panorámicas...

Seguí un momento inmóvil con la boca abierta y luego me dirigí a la puerta hacia la calle casi haciendo zig zag, deteniéndome por momentos. Abrí la puerta para ir hacia mi carro y ahí en la banqueta, estaba toda mi futura familia aplaudiendome.

Mis suegros me abrazaron. Especialmente él, que estaba tan conmovido que tenía los ojos vidriosos, a punto de lágrima. Después de un largo abrazo me dijo "Perdona, lo planeamos entre todos, teníamos que saber qué clase de hombre se casaría con nuestra nena. Y no podemos desear uno mejor que tú. Bienvenido seas a esta familia" Todos me dieron un largo abrazo y me felicitaron palmeándome los hombros y la espalda. Yo estaba tan nervioso que me temblaban las piernas.

Moraleja de esta historia: Siempre guarda tus condones en el carro.

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